Dolor pélvico en mujeres
Te despiertas cansada antes de empezar el día. No porque no hayas dormido, sino porque tu cuerpo ya duele. Antes incluso de levantarte, una parte de tu atención está puesta en la pelvis, en la vejiga, en esa sensación difícil de describir que te acompaña desde hace tiempo. Te mueves con cuidado. Calculas cuánto vas a aguantar hoy. Piensas si el dolor será leve, si irá aumentando, si volverá a interrumpir tu rutina, tu trabajo, tu intimidad.
Aprendes a funcionar así. A sonreír, a cumplir, a parecer bien. Pero vivir con dolor pélvico es vivir a medias. Es estar presente y ausente al mismo tiempo. Y lo más pesado no siempre es el dolor físico, sino la duda constante de si esto es normal, de si estás exagerando, de si alguien te va a creer.
La realidad es clara: el dolor pélvico es frecuente, pero no es normal. No es algo que debas aceptar ni aguantar en silencio. Tu cuerpo no está fallando; está pidiendo atención. Cuando ese mensaje se escucha con calma, con explicaciones claras y sin juicios, es posible encontrar respuestas, alivio y volver a habitar tu cuerpo con más tranquilidad.
Soy el Dr. Ricardo Canseco, ginecólogo obstetra y fundador de Sentia Ginecología, una clínica de salud femenina en Querétaro. Agenda tu cita de ginecología si deseas revisar tu caso con un acompañamiento cercano, cálido y sin juicios.
¿Qué es el dolor pélvico femenino y por qué ocurre?
El dolor pélvico femenino es una experiencia compleja. No es solo una molestia física ni algo que se pueda explicar con una sola causa. Se trata de dolor que aparece en la parte baja del abdomen o la pelvis y que puede sentirse de muchas formas distintas: como ardor, presión, punzadas, cólicos profundos o un dolor constante que nunca termina de irse.
Esto ocurre porque en la pelvis conviven varios sistemas al mismo tiempo. Ahí están el útero, los ovarios y las trompas de Falopio, pero también la vejiga, el intestino, los músculos del suelo pélvico y una red muy sensible de nervios. Cuando alguno de estos sistemas se inflama, se tensa, se infecta o deja de funcionar de forma coordinada, el cuerpo puede manifestarlo como dolor pélvico. En muchos casos, no es una sola estructura la involucrada, sino varias actuando al mismo tiempo.
Desde el punto de vista médico, el dolor pélvico puede dividirse en agudo y crónico, y entender esta diferencia es clave para saber cómo abordarlo.
Dolor pélvico agudo y crónico: ¿Cómo puedo distinguirlos?
El dolor pélvico agudo aparece de forma repentina y suele tener una duración menor a tres meses. Generalmente es una señal de alerta clara del cuerpo. Puede estar relacionado con infecciones pélvicas, quistes ováricos que se rompen, torsión de ovario, inflamación intensa del útero o problemas urinarios o intestinales. En estos casos, el dolor suele ser más intenso, localizado y obliga a buscar atención médica con rapidez.
El dolor pélvico crónico, en cambio, persiste durante seis meses o más. Puede ser continuo o aparecer por periodos, empeorar con la menstruación, las relaciones sexuales, al orinar, al evacuar o incluso al estar sentada mucho tiempo. A diferencia del dolor agudo, no siempre se acompaña de estudios claramente anormales, lo que puede llevar a que se minimice o se confunda con estrés, ansiedad o algo “normal” del cuerpo femenino. Y no lo es. Al contrario, es más común de lo que parece: se estima que afecta a unas 18 de cada 1.000 mujeres entre 15 y 20 años, y llega hasta 28 de cada 1.000 en mujeres mayores de 60 años.
En el dolor pélvico crónico, el sistema nervioso también juega un papel importante. Cuando el cuerpo lleva tiempo recibiendo señales repetidas de dolor, puede volverse más sensible, haciendo que estímulos que antes no dolían ahora se perciben como dolorosos. Por eso, aunque no siempre haya daño visible en los estudios, el dolor es real y tiene una base física y neurológica.
Entender qué tipo de dolor estás viviendo y qué estructuras pueden estar involucradas es el primer paso para dejar de normalizar. El dolor pélvico no es un diagnóstico en sí mismo, es una señal. Y merece ser escuchada con atención, tiempo y respeto.
Causas ginecológicas de dolor pélvico
El dolor pélvico puede tener muchos orígenes distintos, pero cuando hablamos de causas ginecológicas, nos referimos a aquellas que se originan en los órganos reproductivos femeninos o en los tejidos que los rodean. Esto incluye el útero, los ovarios, las trompas de Falopio y las estructuras que responden a los cambios hormonales a lo largo del ciclo menstrual. En estos casos, el dolor suele estar relacionado con la menstruación, las hormonas, la ovulación, las relaciones sexuales o procesos inflamatorios propios del sistema ginecológico.
Identificar una causa ginecológica es importante porque muchas de estas condiciones se normalizan durante años. Frases como “así son tus reglas”, “es parte de ser mujer” o “todo se ve normal” hacen que muchas mujeres aprendan a convivir con el dolor sin saber que existen explicaciones médicas claras y opciones de tratamiento.
Por el enfoque de este blog, nos centraremos específicamente en las causas ginecológicas más comunes del dolor pélvico, explicando qué son, cómo se manifiestan y cuándo vale la pena investigarlas con mayor profundidad. Esto no significa que otras causas no sean relevantes, sino que comprender primero el origen ginecológico suele ser el punto de partida para dejar de normalizar el dolor y empezar a abordarlo adecuadamente. A continuación te explico cuáles son las causas más comunes del dolor pélvico.
Cólicos menstruales (dismenorrea)
Los cólicos menstruales son comunes, pero no siempre son normales. Se producen por contracciones del útero durante la menstruación, mediadas por prostaglandinas. Cuando el dolor es tan intenso que interfiere con tu vida diaria, te incapacita o no mejora con analgésicos básicos, puede ser una señal de que hay algo más ocurriendo. El dolor menstrual no debería obligarte a cancelar tu vida cada mes.
Endometriosis
La endometriosis ocurre cuando tejido similar al endometrio crece fuera del útero, lo que genera inflamación crónica. Puede causar dolor pélvico persistente, reglas muy dolorosas, dolor durante las relaciones sexuales, molestias al evacuar u orinar y dificultad para concebir. No siempre se detecta fácilmente en estudios de imagen, lo que explica por qué muchas mujeres tardan años en recibir un diagnóstico correcto.
Quistes ováricos
Los quistes ováricos son sacos llenos de líquido que se forman en los ovarios. Muchos desaparecen por sí solos, pero cuando crecen, se rompen o sangran, pueden provocar dolor pélvico agudo o recurrente. El dolor suele localizarse en un solo lado y puede aparecer de forma súbita o empeorar en ciertos momentos del ciclo.
Fibromas uterinos o Miomas
Los fibromas son tumores benignos del músculo uterino. Dependiendo de su tamaño y localización, pueden causar dolor pélvico, sensación de presión, sangrados menstruales abundantes o prolongados y dolor durante las relaciones sexuales. No siempre causan síntomas, pero cuando sí los hay, es importante evaluarlos.
Enfermedad inflamatoria pélvica (EIP)
La EIP es una infección de los órganos reproductivos femeninos, generalmente causada por bacterias de transmisión sexual que ascienden desde la vagina. Puede provocar dolor pélvico, fiebre, flujo vaginal anormal, sangrado irregular y dolor al tener relaciones sexuales. Si no se trata oportunamente, puede dejar secuelas como dolor pélvico crónico o problemas de fertilidad.
Adenomiosis
La adenomiosis ocurre cuando el tejido endometrial crece dentro del músculo uterino. Suele manifestarse con reglas muy dolorosas, sangrados abundantes y una sensación de dolor o presión profunda en la pelvis. A menudo se confunde con menstruaciones “normales pero fuertes”, lo que retrasa el diagnóstico.
Hablar de estas causas con claridad es un primer paso para dejar de minimizar el dolor pélvico. Cuando entiendes qué puede estar detrás de lo que sientes, es más fácil pedir ayuda, hacer las preguntas correctas y avanzar hacia un tratamiento que te devuelva tranquilidad y calidad de vida. Si quieres explorar las causas del dolor que sientes, agenda una consulta ginecológica en la que te acompañaré de forma cálida y humana.

Dolor pélvico durante el embarazo
Sentir dolor pélvico durante el embarazo puede generar mucha angustia, especialmente cuando no sabes qué es normal y qué no. El cuerpo cambia rápido, los tejidos se adaptan y el útero crece para sostener una nueva vida. En ese proceso, es común experimentar molestias que no necesariamente indican un problema, pero también existen señales que no deben ignorarse.
Durante el embarazo, cierto grado de dolor pélvico puede ser normal. La expansión del útero, el estiramiento de ligamentos, los cambios en la postura y el aumento de peso pueden provocar sensaciones de presión, tirantez o molestias leves en la parte baja del abdomen o la pelvis. Estos dolores suelen ser intermitentes, mejoran con el descanso y no se acompañan de otros síntomas alarmantes.
Sin embargo, no todo dolor pélvico en el embarazo debe normalizarse. El dolor intenso, persistente o que aparece de forma súbita puede ser una señal de alerta. También es importante consultar si el dolor se acompaña de sangrado vaginal, fiebre, ardor al orinar, mareos, contracciones dolorosas, dolor localizado en un solo lado o una sensación de que algo no está bien. En estos casos, el cuerpo está pidiendo atención inmediata.
Aquí es donde el acompañamiento ginecológico se vuelve fundamental. Contar con un equipo médico que te escuche, te examine con calma y te explique qué está pasando marca una gran diferencia en cómo se vive el embarazo.
Dolor pélvico durante o después de las relaciones sexuales
El dolor pélvico asociado a las relaciones sexuales es más común de lo que muchas mujeres creen, pero sigue siendo uno de los temas menos hablados en consulta. Puede aparecer durante la penetración, después del encuentro o incluso horas más tarde, y suele generar confusión, culpa o miedo a volver a intentarlo. El dolor durante el sexo nunca debería normalizarse ni vivirse en silencio.
Causas físicas más frecuentes
Existen varias razones corporales por las que el dolor puede presentarse. La sequedad vaginal, relacionada con cambios hormonales, menopausia, lactancia, uso de anticonceptivos o estrés, puede provocar ardor o dolor al inicio de la penetración. También puede influir el uso de preservativos con poca lubricación, ciertas posiciones sexuales o una intensidad elevada durante el acto, ya que estos factores pueden aumentar la fricción y la sensibilidad de los tejidos.
La endometriosis es otra causa importante, ya que puede generar dolor profundo durante o después del sexo debido a la inflamación y a la sensibilidad de los tejidos internos. También es común que haya tensión o contractura del suelo pélvico. Cuando estos músculos están constantemente contraídos, la penetración puede resultar dolorosa, limitada o incluso imposible. Muchas veces esta tensión no es consciente y es la forma en que el cuerpo se protege tras experiencias previas de dolor.
Causas emocionales o psicológicas
El cuerpo y la mente no funcionan por separado. El estrés, la ansiedad, el miedo al dolor, experiencias sexuales negativas o situaciones emocionales no resueltas pueden influir directamente en la forma en que se vive el sexo. Cuando el sistema nervioso está en alerta, los músculos se tensan y el umbral del dolor disminuye. Esto no significa que el dolor sea imaginario. Significa que el cuerpo está respondiendo a algo que requiere ser atendido con cuidado y comprensión.
¿Cómo aliviar el dolor pélvico?
Aliviar el dolor pélvico no suele depender de una sola solución. Cada cuerpo es distinto y, en muchos casos, el verdadero alivio llega cuando se combinan varias estrategias que abordan tanto lo físico como lo emocional. El objetivo no es solo aliviar el dolor momentáneamente, sino comprenderlo y acompañarlo de forma sostenida.
Tratamientos médicos
El tratamiento médico depende de la causa identificada. En algunos casos, los analgésicos pueden ayudar a disminuir la intensidad del dolor y permitir que el cuerpo descanse del estado constante de alerta. Los tratamientos hormonales se utilizan cuando el dolor está relacionado con el ciclo menstrual, la endometriosis o con alteraciones hormonales, siempre valorando los riesgos, los beneficios y el momento de vida de cada mujer. La fisioterapia del suelo pélvico es una herramienta clave cuando hay tensión muscular, contracturas o alteraciones en la coordinación de los músculos del suelo pélvico. A través de ejercicios guiados y trabajo corporal específico, es posible reducir el dolor y mejorar la función pélvica de manera significativa.
Cuidado en casa
El autocuidado también desempeña un papel importante. El calor local puede ayudar a relajar los músculos y a disminuir la sensación de dolor o de presión. Las técnicas de respiración profunda y consciente ayudan a reducir la activación del sistema nervioso, lo que a menudo disminuye la intensidad del dolor.
Enfoque multidisciplinario
En muchos casos, el mayor alivio se da cuando el abordaje es integral. La ginecología permite identificar y tratar las causas físicas. La psicoterapia ayuda a trabajar la relación con el dolor, el estrés, la ansiedad y las experiencias emocionales que pueden amplificarlo. La nutrición puede apoyar reduciendo la inflamación, mejorando la salud intestinal y acompañando los procesos hormonales.

Cuándo acudir al ginecólogo
Muchas mujeres aprenden a convivir con el dolor pélvico más tiempo del necesario. A veces por miedo, a veces por experiencias previas poco empáticas y muchas veces porque nadie les explicó con claridad cuándo es momento de pedir ayuda. Escuchar a tu cuerpo y saber identificar las señales correctas puede marcar una gran diferencia.
Dolor persistente o que interfiere con la vida diaria
Si el dolor pélvico dura semanas o meses, aparece de forma recurrente o empieza a limitar tu trabajo, tu descanso, tu ejercicio o tu vida íntima, es importante acudir al ginecólogo. El dolor que se vuelve parte de tu rutina no es normal. Aunque no sea intenso todo el tiempo, el solo hecho de que condicione cómo vives tu día a día es motivo suficiente para evaluarlo.
Sangrados anormales, fiebre o secreciones
Existen síntomas que no deben ignorarse. Sangrados fuera del periodo menstrual, reglas excesivamente abundantes, sangrado después de las relaciones sexuales, fiebre, flujo con mal olor o cambios importantes en la secreción vaginal son señales de alerta. Cuando estos síntomas se acompañan de dolor pélvico, es especialmente importante una valoración médica oportuna para descartar infecciones, procesos inflamatorios u otras condiciones que requieren tratamiento.
Autoobservación y prevención
Conocer tu cuerpo es una forma de cuidado. Observar cuándo aparece el dolor, si se relaciona con tu ciclo, con el estrés, con el ejercicio o con ciertos alimentos puede aportar información valiosa en consulta. Llevar un registro de síntomas, no normalizar cambios y acudir a revisiones ginecológicas periódicas permiten detectar problemas antes de que se vuelvan más complejos.
No tienes que vivir con tanto dolor
Escuchar al cuerpo implica tomar en serio sus señales y buscar un acompañamiento profesional empático, que no reduzca el dolor a una sola causa ni lo trate con prisa. Un espacio donde puedas hablar con libertad, hacer preguntas sin pena y entender qué está pasando te devuelve algo fundamental: la sensación de seguridad en tu propio cuerpo.
En Sentia Ginecología el enfoque es integral y humano. La atención no se limita a revisar estudios o dar un diagnóstico, sino a acompañarte en el proceso de comprender tu dolor, explorar sus causas y construir un plan que se adapte a tu vida y a tu historia. Si sientes que tu cuerpo te está pidiendo atención, escuchar ese llamado puede ser el primer paso para volver a sentirte en paz contigo misma. Agenda tu cita de ginecología hoy.

Hola, soy el Dr. Ricardo Canseco
Médico especialista en ginecología y embarazo
Mi enfoque es simple: escuchar, explicar y acompañar sin juicios.
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